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miércoles, 16 de julio de 2008

Santa Maria Madre de Dios

E
l sentido mas profundo de la maternidad divina tiene en Ciudad Real un eco misterioso. Es como si la sabiduría del pueblo hubiera sido capaz de comprender, sin más razones que sus sentimientos, toda la dimensión trascendente de Maria como Madre de Dios y de los hombres.
Vamos a acercarnos silenciosamente una noche cualquiera a la plaza que debiera ser de Santa Ángela de la Cruz; hasta esa casa donde habitan las vírgenes de la pobreza de Ciudad Real; donde Dios es nuestro hermano; el enfermo es Cristo vivo; su única riqueza es la alegría de sus tocas blancas; su única moneda es el silencio; solo se derrocha la generosidad. Allí esta el campanario del Amor de Dios en nuestra Jerusalén de occidente del que parten cada día en un vuelo emparejado sus palomas como un toque de Caridad sonando una por una en todas las puertas de la Ciudad.
Y yo he visto sus manos de Madre limpiando el sudor de los enfermos; y en los suburbios una Madre aparecía cada mañana aliviando su dolor y su miseria; y un Madre enseñaba a los niños sin escuela a leer el nombre de Jesús y una Madre acompañaba en la noche la angustia de aquella pobre anciana que, sin nadie en el mundo, sólo esperaba la liberación definitiva de la muerte; y una Madre amortajó entre rezos el cuerpo frío y desnudo de un pobre hermano abandonado.
Que así escriben cada día el testimonio de su maternidad las hijas de aquella a la que los percheleros, aunque un Papa la haya elevado a los altares, prefieren seguir llamándola sencillamente Madre. Porque nadie como este barrio conoce el verdadero evangelio de la maternidad reiterado día tras día cuando a las puertas de esa casa llaman la angustia, la amargura, la esperanza y la soledad de mi Ciudad y todos encuentran consuelo en el amor de las Hermanas de la Cruz.
Pero crucemos la plaza. Vayamos a Santiago que tuvo que ser allí, al otro lado de la plaza, donde la Virgen quiso tener su casa, su templo y el amor para siempre de todos los percheleros.
Y Santiago, agradecido, todos los Domingos del año, cuando la luz cenital del mediodía traspasa los altos ventanales llenando de claridad las centenarias piedras de esa Real Parroquia, pone en las manos curtidas de sus hombres capataces y costaleros, los hachones encendidos de su oración, la Salve agradecida de sus hijos cantándole a la VIRGEN DE LOS DOLORES con el nombre de todos los nombres de la tierra: El de la EXCELSA MADRE DE DIOS.
Y dicen en el barrio que allí arriba, en los arrabales del Cielo, hay una cuadrilla de ángeles para llevar a la Madre de Dios de los Dolores por la misma Pureza de la Gloria y este año, cuando también en el Cielo haya una Primavera y florezcan las nubes y los angelitos muden la blancura de sus alas, un serafín costalero que llegó una primavera desde ese paso volverá a ponerse bajo las trabajaderas, y el capataz le pedirá otra vez a SEÑOR SANTIAGO las campanas de plata de su torre y vendrán los niños, con las manos llenas de claveles, para acompañar la belleza transparente de su Madre, MADRE DE DIOS DE los DOLORES, en la plaza azul del paraíso.


Las campanas de SantiagoNo quieren seguir tocando;Quieren llevarle floresA su Virgen que reposa junto al Sagrario.Ecce-Homo y Caridad,Dos pinos de verde tallo,En Primavera son clavelesY puras varas de nardoPerfumadas con incienso del cáliz de tu paso. Y la cera, cera blanca A tus pies va repicandoUn repique de pureza Por la pureza del barrio.Y el bronce, hecho plata fina,Resuena a pétalos blancosQue van cayendo en el sueloComo amores derramados.Y al final, en el silencio,Cuando todo ha terminadoY Tú te quedas tan solaMadre de Dios en tu paso,Las campanas de SantiagoSe hacen lágrimas sonandoEn las naves silenciosasLa blanca voz de sus nardos.Que las campanas no quierenVolver más al campanarioQuieren quedarse contigoMADRE MIA DE LOS DOLORES
REZANDO JUNTO AL SAGRARIO.

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