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jueves, 15 de agosto de 2013

La Asunción de nuestra mayor devoción...

A la hora en punto de la tarde única, ultimas luces, el ocaso, calor.
Se asoma a su prado. Vuelan las suplicas, le acarician las promesas,
se corta el fervor...
Sujétame entre tus manos, que el aire nos refresque a los dos.
Sueños de mecidas al compás de una oración y fe que desborda el cariño de tus gentes.
Musita tu oración y alegra, Morena del Prado, tu rostro,
que Ciudad Real te espera con oraciones, piropos y flores en la tarde inefable de agosto.

lunes, 12 de agosto de 2013

El azul de tu mirada...

...y que a todo lo traspasas

Ante una puerta...

...por donde pasan mis recuerdos de Ciudad Real, se introduce en mi corazón ese gusanillo de las discordias hondas, la emoción de las contradicciones y los contrastes, cara y cruz del pasado y del presente, realidad y deseo del esplendor ciudadrealeño, infancia y juventud, el ayer entrañable y el hoy extrañado y maduro de las experiencias ya vividas o que se están viviendo.
Estoy a solo unos metros de Ella y es curioso como, aun con la cercanía, se rebrinca la memoria y todas aquellas emociones que en su día me parecieron escuetas, frágiles, e incluso provocadas circunstancialmente por un momento y ambiente concretos, se levantan años después borrando indiferencias y extrañezas de la voluntad, para dejar tan solo lo mas univoco de su contenido, el sentido mas puro y la emoción descifrada.
Así también, estos recuerdos, testimonios y meditaciones en torno a las mas hondas y arraigadas devociones de mi ciudad, vividos muchos de ellos en situaciones muy diferentes y en lugares y fechas que abarcan un amplio espectro de mi propia vida. Lejanías exteriores y exilios interiores marcaron mas de cuarenta años de mi condición nunca negada de ciudadrealeño aunque siempre en difícil "ciudadrealeñia", especialmente con los advenedizos y con los que, desde dentro, hicieron dejación de ese elegante sentido de la medida y de la mesura, inteligente y universal, de Ciudad Real y sus devociones.

viernes, 9 de agosto de 2013

La semana de la espera... y III

...Desde ese día llevo hilvanado su nombre a mis costuras, sabiendo que es su mano esa cuerda que impide que mi cabeza se incline; sabiendo que es su voz la que me susurra arrullos cuando el dolor me encarcela; sabiendo que son sus alas las que juguetean con mis repelucos cuando todo en mi entorno permanece inerte.

Me quedó tanto por aprender de sus gastadas comisuras, de sus alpargatas de paño oscuras, de su hábito carmelita, de las porfías con mi padre, de las peloteras con mi hermana; de sus calladas, de su ternura, de su devoción por no guardarse nada.

Y hoy, daría lo que no tengo por volver a beber de su fe, esa que no pierde el tiempo en discutir sobre bandas, contratos o martillos; esa que desconoce los caprichos de las nubes y no fusila al mensajero; esa que se pone a bien con Dios, rezándole un rosario de rodillas y comulgando su forma con las manos inquietas por no tocarlo.

Esa es la fe verdadera, la que en la tarde única de agosto saldrá a la calle para que la Reina del Prado no camine sola, la que sacudirá con sus abanicos el pecho de sus desasosiegos, las que piden por nosotros olvidándose de pedir tan solo por ellas.

Esa es la fe verdadera, la que se gloria de creer en un nombre que huele a hierba,la que besa tu manto como escapulario de tirabuzones, la que vence al hastío y al sudor con un simple vaso de agua, la que deja en manos del destino lo que el destino tiene marcado sobre nosotros.

Esa es fe verdadera,…y a esa fe quisiera aferrarme cada vez que pronuncio el nombre de Ella, Prado, y el de mi madre, Magdalena.

miércoles, 7 de agosto de 2013

La semana de la espera...II

...Ella acolchaba mis tardes con tierras de un Prado salpicadas de piedras, onzas de pan con chocolate y frisos de caramelo, de una gran cruz que en su Prado servia de mantel de juegos, manjares que escondíamos bajo la tela de un pantalón corto para compartirlos en el escalón que servia de salto y ataque al grandioso monumento cuando la primavera abanicaba los sueños.

Ella fue la respuesta a tantos por qué, la razón para volver siempre a su casa, el portazo que se daba la soledad en la frente al golpearse los nudillos sobre mi puerta.

Ella ha sido, es y sera un todo donde nada me falta; es el deje al compás de mis palabras; es ese brazo que jamás me abandonaba.

Pero, cuando empecé a robarle los nacientes besos a la amanecida, las iniciales caricias a las ilusiones, las primeras huellas a la noche, Ella tuvo que pedirle que me  soltara de la mano.

Supongo  (aun me lo sigo preguntando) si fue la ley de una vida a mi edad poco o nada entendida.

Me contaron que su corazón latía a un compás demasiado lento...  lento como sones de Margot, arrastrándose de cansancio, moldeando latidos con pinceles salpicados en tierra “colora” con sabor a olivo y parra, hasta que una fría mañana de diciembre guardó silencio para siempre...

lunes, 5 de agosto de 2013

La semana de la espera...

En las alforjas de los recuerdos es donde uno va enmarcando memorias, suspiros, sonrisas; historias, nervios, miradas, vivencias, devociones…
Estos conforman el rincón más íntimo de nuestra biografía, ese que no compartimos con nadie por miedo a que nos traicione, y como el mejor escondrijo de nuestra infancia, pocos pueden penetrar en el a menos que un fanal de confianza rompa la oscuridad del tiempo.
Cada uno lo ordena, lo adereza, lo hermosea como buenamente puede, o como buenamente quiere.
Los hay que preferimos dejar en la parte de abajo de ese escondite las lágrimas, con la idea de que broten lo más tarde posible al recordar algo; sé de gente que amarra la jactancia tras el pomo de la puerta, para no tener nunca que encontrársela de frente; y conozco a varias personas a la que no hace mucho volví a abrazar que han dejado ese gesto cerca de la papelera del olvido.
Si me acompañáis a mi escondite, os pediría que lo hicierais con la luz tenue de la tarde; al fondo, tras el altar de su casa, casi en la última ventana en el centro iluminada podréis ver, amarrado a una campanilla plateada, el nombre de una de las devociones que cobijan mis miedos, mis añoranzas y mis mas intimas suplicas y peticiones.
En estos días me vais a permitir que os hable de ella…