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lunes, 24 de septiembre de 2012

Por ellas acompañados.

La cofradía se presiente en la estrechez que desemboca en el centro mismo de la "apasionada" ciudad por el murmullo quedo de voces apagadas. Es un sonido que no trasluce el inmenso caudal de emociones que se niegan a ser palabras, pues a veces estas rompen el sentido de las cosas. El murmullo no es sino el deseo inconfeso de una presentida vivencia, de una oración que pugna por buscar al Señor de la vida en el hondo silencio, que quiere ahora ser compartido, silencio de ser y, sobre todo, de querer ser.
Se acerca ya el cortejo. En las sombras de la solea, buscando una y otra vez los imposibles huecos de las hileras de espectadores, los cofrades caminan con la cofradía. Los hemos visto todo un año en la hermandad, siempre acompañados de sus hijas, sus novias, sus madres...que no pocas veces ayudan a soportar el cansancio con un inefable sentimiento de cercanía...
Las hemos visto tantas veces...son para el hermano de fila, para el nazareno la imagen humana de una hermandad oculta entre velas, entre antifaces, muda, uniforme, donde adivinas, pero no ves el rostro del hermano, no escuchas su voz... Es como una inquietud insensata, que no se expresa, pero se vive en la fatiga, el dolor físico, el recuerdo triste, las ausencias... Las mujeres te saben hermano mas que cofrade, mas que nazareno, te escuchan...aunque no te hablen...
Te recuerdan a tu madre, siempre a tu lado en las primeras procesiones, y ahora...ahora descubres que nunca se deja de ser un poco niño...y agradeces saber que alguien sigue contigo mientras haces penitencia.
Se saben insertas en un rito donde no son protagonistas, y, sin embargo remedan las actitudes de los hermanos de fila...
Dobló la esquina, sin pausa y parecía ya alejarse cuando el capataz, sin razón aparente tocó el martillo y el paso se arrió. Fue un instante fugaz, un gesto que pocos apreciaron, pero que lleno de luz un recuerdo, una vida en en la visión de esas otras mujeres del Paso, llorando como ellas y ahora con ellas...
Pero no solo hay dolor o recuerdos. El murmullo se atenúa hasta desaparecer. A lo lejos todavía pueden adivinarse los faroles del paso. Es ya avanzada la noche. Algunas de las mujeres de la hermandad siguen hasta la entrada, otras caminan, en pequeños grupos, de recogida a sus casas... Ha terminado la estación. No hay palabras, solo un silencio cansado en los rostros...quebrado por algún leve comentario intrascendente... y una promesa: "el año que viene que nos veamos de nuevo al  entrar". Hubo otro silencio, distinto, un poco triste, como una madrugada después que el Señor de San Pedro en su casa había entrado.



jueves, 20 de septiembre de 2012

La presencia de la Caridad...

Viene sobre los pies, despacio. Se adivina el trabajo duro, generoso, anónimo de los costaleros. Hay emoción en las gentes... Es uno de esos pocos día especiales en los que disfrutan los que son de verdad cofrades y cada instante se paladea con el regusto amargo de la despedida, con la inquietud casi obsesiva de  retener en el corazón la ultima visión del Señor.
La espera se torna en inminencia presentida en los recios sonidos de la banda. ¡Ya llega el cristo! Los ciriales están ya en la esquina. Allá, a lo lejos, una impresionante ascua de fuego ilumina al Señor ya muerto de la Caridad. Pero a Él aun no lo ve. Las luces, los focos impiden distinguir con sus reflejos la sangrante madera santa del Señor que le da la vida... La chicotá ha sido larga, armoniosa... ya esta el paso frente a él. Eleva su mirada al Señor. Reza... Y se siente llevado por el rumor intenso, silencioso de tantas suplicas que se elevan en aquel instante... Nunca lo ha dicho, ni lo dirá, pero en sus ojos hay una luz nueva, luz de relámpago...que da escalofríos...queja y esperanza, aceptación de la voluntad de Dios... Es una mirada profunda de Amor...como la de Él a las gentes buenas de esta ciudad...
Pasó el Cristo. Pero él se quedó todavía allí un instante. Se disipaba la multitud. Otros ecos -ya más lejanos-   de oraciones se sentían tras el paso. Lentamente comenzó la vuelta a casa. Miró por ultima vez a la madre de aquel niño que tanta ternura le había despertado. Estaba llorando a escondidas mientras sujetaba a su hijo que se quería marchar, buscando una vez más al Señor... Quedó también allí esta pareja con sus silencios emocionados... Y sonreí, una vez mas. Como siempre, esperando a que el milagro de la faz de Dios encariñase como cada vez que ilumina con su presencia la calle, a uno de sus hijos, a uno de sus amados niños del corazón...


domingo, 16 de septiembre de 2012

El hermoso perfil de septiembre...


Dolores por Santiago

Estaba Dios con Ella y era Ella el Dolor de Dios aquella tarde, un sábado quizás, el primer sábado de septiembre que en Ciudad Real se llamó santo.

Metáfora de luz en el origen fue el día del prodigio. Llegó el Ángel y dijo: "Dios te salve, Maria".
Hija del Hombre y Madre de los hombres por la Gracia del Hijo. Tuyo es el signo del Dolor del mundo, "fruto bendito de tu vientre", Jesús, el Cristo, Caridad para siempre de los pobres.
Que el espíritu sea la justicia y el Amor se haga vida por la obra del Espíritu.
Dichosos los que aman, los que buscan la paz, los que sufren por el pan de la verdad de cada día. Dichosos los que llegan hasta Tí, refugio de los náufragos del mundo, mar poderoso de la ciudad en sombra donde perdernos.
Tuya es la paz, María, Faro y Luz, esperanza y auxilio, Estrella que brilló en la Epifanía de la noche primera: Dios con nosotros. Que el Verbo se hizo carne por tu carne, refugio de Belén, Salve, María.

Estaba Dios con Ella y era Ella la hermosa nave de la tarde varada sobre el mar de Santiago.

martes, 11 de septiembre de 2012

El ultimo costalero...



Y...ahora si. Ahí quedo. El Dulce Nombre vuelve a su  temporal y universitaria "capilla", los cuerpos rotos, los aplausos, las lagrimas de los hermanos y la ultima oración del costalero y cuando las puertas se cierran y solo se vislumbra en la penumbra el paso, las nostalgias inundan el aire de la calle. Y entonces, de improviso, te encuentras muy cansado.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Materia Bendita

Materia de la entrega, dulce mirada celeste en la soga que amarra nuestra carne débil, Ecce Homo, y ese Pilatos que se regocija de vernos impotentes ante las burlas crueles de la vida, valle de lagrimas.

Cofrade de la ciudad ¿cual, donde, como aparece para ti la imagen, tu imagen de Cristo en medio de la calle?

Esta pregunta nos llevara a otras imágenes intimas que son la clave de nuestra personal identificación con la imagen de nuestros amores, encuentro indefinible del cofrade, del ciudadrealeño con su Semana Santa.